11/29/2007

El axioma de las colas

Ya comentaba hace unos meses que ir al cine un viernes o fin de semana, especialmente si es día de estreno de una película muy esperada, puede ser desalentador. O dicho de otro modo, puede acabar con mi paciencia y hacer que mi tensión arterial suba 3 puntos. Y es que soy uno de esos bichos raros cascarrabias que gusta de ir al cine a ver la película, no a comentarla, a seguir la juerga que he empezado fuera de la sala o a hacer experimentos sonoros con las palomitas o las bolsas de patatas.

Sin embargo, hay otro factor que me subleva: las colas de taquilla y de los puestos de palomitas. Una cola debería ser un fila ordenada de gente que, una vez le llega el turno, dice lo que quiere, espera a que se lo den, paga y se va. Rápido y directo. El caso es que este proceso aparentemente tan sencillo a veces se torna sumamente complicado para quienes hacen cola, para los dependientes o, en el peor y más terrible de los casos, para ambos. Es por eso que había pensado en un sencillo sistema de colas ideado para dar un mejor servicio tanto para la gente que sabe lo que quiere como para los que hubieran necesitado, como mínimo, hacer créditos de libre elección sobre cómo hacer y saber estar en una cola.

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Así, in a wonderful world, en la cola número 1 entraría toda la gente a la que no solo le da igual perderse los trailers, si no también los primeros 5 minutos de la película, lo eternos indecisos, los que admiran los paneles de menús como si fueran cuadros de El Greco, etc. Opcional: ubicar allí un dependiente que necesite pasarse el defragmentador de disco y/o actualizarse con un dual core. La cola número 2, por otra parte, sería para esos indeseables que ya sabemos qué queremos y tenemos el dinero a mano. La cola número 3 solo es visible a ojos de Chuck Norris y únicamente él puede usarla.